Una llamada a mirar, escuchar y acompañar
El pasado enero, nuestra senior experta en envejecimiento activo Txelo Vázquez compartió ante el Fórum 50-70 en el Centro Social Adurza una reflexión profunda sobre un fenómeno que atraviesa generaciones: la soledad no deseada. Su experiencia y sensibilidad permiten mirar este reto social desde un prisma más humano, más amplio y más real.
No existe una sola soledad: existen muchas
Txelo invita a abandonar la idea de que la soledad es una experiencia única y homogénea. Habla, más bien, de “soledades”, subrayando la diversidad de formas en las que una persona puede sentirse desconectada. Entre ellas, destaca tres que aparecen de manera recurrente:
1. Soledad social
Visible y medible. Surge cuando falta una red de apoyo cercana. Es especialmente frecuente en hombres y está relacionada con la ausencia de relaciones significativas o de participación en la comunidad.
2. Soledad emocional
Aparece cuando, aun rodeados de gente, faltan vínculos afectivos profundos. Suele darse más en mujeres y lleva consigo sentimientos de vacío, pérdida o desvinculación.
3. Soledad existencial
La más profunda. La persona se siente invisible, sin un lugar propio en el mundo, desconectada de todo y de todos.
Estas formas de soledad no entienden de edades. Pueden aparecer en cualquier etapa vital y tener múltiples detonantes: viudedad, fragilidad económica, sobrecarga en personas cuidadoras, pérdidas sensoriales —muy especialmente la auditiva— o expectativas irreales sobre lo que la familia puede aportar.
La comunidad como respuesta
Txelo lo expresa con claridad: la acción empieza saliendo de casa. Y en ese sentido, Vitoria-Gasteiz ofrece recursos valiosos para reconstruir vínculos: centros municipales de mayores, Cruz Roja, Escudé o Vivir con Voz Propia, entre otros.
Además, defiende un enfoque preventivo basado en el envejecimiento activo: alimentación equilibrada, actividad física, relaciones sociales regulares, gestión adecuada del estrés y desarrollo de competencias digitales que permitan mantenerse conectado.
A veces, dar el primer paso no requiere un gran gesto: saludar al vecindario, conversar en los comercios habituales o intercambiar unas palabras en un parque pueden convertirse en semillas de nuevas relaciones.
Una ciudad que también acompaña
Los espacios públicos, las zonas verdes y los puntos de encuentro de la ciudad son aliados fundamentales para combatir el aislamiento. Son lugares donde la presencia de otros nos recuerda que pertenecemos a una comunidad más amplia, aunque a veces no lo sintamos.
Un mensaje que no podemos olvidar
La reflexión de Txelo concluye con un deseo que deberíamos convertir en propósito colectivo:
que ninguna persona tenga que sentirse invisible.
La soledad no deseada es un problema social creciente, pero también una oportunidad para construir comunidades más empáticas, atentas y humanas. Todas y todos podemos ser parte de la solución, empezando por mirar más y juzgar menos, por escuchar mejor y acompañar cuando alguien lo necesita.



